lunes, 17 de septiembre de 2018


El mundo Cyborg, el mito cambia pieles del mundo moderno
 
No son pocos los casos en los cuales se han infiltrado o en su defecto han tenido que entrar por el rumbo natural de evolución hacia las atmosferas más básicas, debido al rumbo de las sociedades tecnocráticas y los avances científicos del mundo moderno; implementos, soluciones y artilugios que en cierta forma desempeñan un rol importante ya no solo en el ámbito funcional externo como puede suceder con herramientas de uso doméstico a la vanguardia, sino dispositivos que se hacen uno con el cuerpo mismo del ser humano, elementos que se llegan a conjugar en la anatomía y la fisionomía haciendo que la forma de desenvolverse del individuo cambie a veces drásticamente, y ya sea para bien o para mal, es dador de un plus el que inevitablemente crea cambios en sus hábitos, desembocando a la larga en una especie de necesidad implementada irruptora para con los otros.
Sin embargo no hay que considerar las prótesis de acero en las extremidades, las placas de titanio en rupturas de craneo o cualquier otro material inorgánico de apoyo dentro de esta categoría, al menos no por el momento ya que nada más suplen deficiencias; pero que sucede con las retinas pantalla, los microchips cutáneos, sensores neurocerebrales o nanobots en el torrente sanguíneo, ¿son acaso los primeros indicios de una infestación biotecnológica en el sagrado templo del organismo humano?, hasta ahora inmutable por intervención artificial desde los primeros hombres en la tierra, no solo es posible sino completamente viable al poner en consideración un mundo en convulsiones cuyos trajines más severos son capaces de desprender la vida de nuestro frágil cuerpo con un mínimo esfuerzo.
El mundo contemporáneo se enfrenta a una realidad fundada en la base de que la supervivencia ya no se inclina por completo a controlar los fenómenos, ni aplacar los peligros como ha venido haciendo la raza humana en sus pocos milenios de existencia, el avance rotundo de la tecnología y los saltos estratosféricos en descubrimientos en cuestión de pocos siglos han convertido a la resistencia en la nueva consigna para la supervivencia, cuando los esfuerzos por mantener estables los continuos cambios climáticos, por hacer ingentes inversiones científicas para combatir pandemias, probar y desechar un sin número de modelos políticos y diplomáticos de tratados y acuerdos para el cese bélico, o para engendrar como sea posible coaliciones de todo tipo para desplazar al apartheid global, cuando nada de esto parece funcionar para sostener la vida de forma unánime en el globo, es cuando recurrimos a optar por modificar nuestro cuerpo para determinadas circunstancias, será entonces cuando esa línea divisoria de tipo ética, legal y hasta religiosa se quiebre y abra a su paso la entrada de nuevas corporeidades abstractas por ahora.
En el futuro no será extraño tener nanobots que inundaran los torrentes sanguíneos de miles o millones de personas como una alternativa fácil y de bajo costo a tratamientos de muy alto presupuesto para la erradicación de células corruptas que solo unos pocos se permiten, hombres y mujeres podrían tener acceso a órganos artificiales completamente mecanizados y con nuevas funciones, e inclusive algunos podrán optar por deshacerse por completo del frágil tejido orgánico de todo su cuerpo; entonces en este punto habrá que preguntarse el cómo será concebido el concepto de humanidad, que variables, entonces fuera de lo orgánico convertirán a un individuo en humano y a otro en máquina, la conciencia y la personalidad posiblemente, pero incluso algunos ordenadores ahora ya las tienen. Sería conveniente y necesario por lo tanto repensar los marcos de una realidad inminente inevitable, de transiciones, metamorfosis, de formas ideadas, para entenderlas como la evolución de una especie en decadencia.

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